sábado, 8 de septiembre de 2012

Café en buena compañía.


Un sábado por la tarde, en una céntrica cafetería de Granada el bullicio quedo de multitud de conversaciones se mezcla con el aroma a café formando el típico ambiente que no te sorprendería encontrar en cualquier otra. La escena en sí no podría ser más normal, cualquier observador no vería nada raro en ella: una cafetería no demasiado ámplia con una pequeña planta alta desde la que abajo puedes observar a gente joven compartiendo conversaciones de fin de semana, a un típico parroquiano no tan joven en la barra charlando animadamente con el camarero y una pareja ensimismada y que se mantiene algo al margen del bullicio forman una de las congregaciones más típicas que podrías encontrar en cualquier bar y que hoy es parte de este en el que estás. Todo correcto para cualquiera de los que allí asisten al ritual del café de sobremesa del fin de semana, pero sin embargo el tuyo se enfría intacto en su taza delante de ti. Estás sentado en una de las sillas de la parte alta del local y tu mano derecha reposa sobre el periódico del día que doblado junto a tu taza de café por una página aleatoria habla de las noticias habituales: crisis, guerras, hambre, asesinatos, etc. Cualquier observador te vería sólo, alguien tomandose su café mientras consulta de forma ocasional el diario, nada inusual, quizás alguien que espera a otro alguien. Tú sin embargo ni esperas a nadie, ni crees encontrarte sólo.

- Curioso panorama, ¿eh? La verdad, que por cierto siempre la digo, me encanta visitar de vez en cuando sitios como este. Es conmovedor ver la inocencia con la que se desarrolla todo por aquí. ¡Oh, no!, no me malinterpretes: no quiero decir que no aprecie esa galería de horrores de orden mayor que ves en el periódico día tras día - una ligera sonrisa asoma al rostro de tu interlocutor -.  Pero la guerra es sólo una consecuencia al igual que lo de las crisis económicas. Sinceramente, estoy muy sorprendido de hasta dónde puede llegar la inteligencia del ser humano cuando se la conduce adecuadamente. Seguro que te has dado cuenta de la cantidad de invenciones que hay que se podrían emplear de otra manera y sin embargo las utilizáis para putearos ¿Y sabes que es lo mejor? Que pese a saberlo de alguna manera miráis hacia otro lado. Es algo que me sorprende hasta a mi y de veras que estoy orgulloso. Pero hoy quiero dejar de lado todas esas cosas que aquí no ocurren y que están a 2 mundos de distancia, ¿verdad? Por algo estamos en el primer mundo - rie, y su risa parece provenir de una profunda caverna que hace que por una fracción de segundo la realidad del tranquilo y anodino ambiente de la cafetería tiemble superponiendose a un lugar horrible, un lugar que se encuentra bajo capas de consciencia protectora que hacen que te preguntes por qué gritas al despertar tras una noche de pesadilla -. Hoy quiero mostrarte algo más de andar por casa. Algo más de la gente de bien, la gente humilde, de gente, al fin y al cabo. Siempre te encontrarás a gente: Gente anónima, gente como tú con una vida y una historia que no es la tuya, pero con los que podrías intercambiarte sin que cambie el denominador común con los que etiquetas usualmente al resto de la humanidad más cercana, aquellos que conoces bien, conviven contigo, son de tu barrio, tus amigos, tus vecinos o incluso estos desconocidos anónimos con los que compartes este preciso momento en la historia y, casualmente, de la geografía sin detenerte a pensar demasiado en ello. Son lo que denominas "personas" o "gente" con la esperanza de que ese apelativo conlleve una serie de valores morales que hagan posible la convivencia. Os aferráis tanto a esa esperanza normalizandola, haciendola para vosotros lo común y lo habitual que es conmovedor como sois capaces de escandalizaros por lo más nímio cuando cualquiera de vuestros vecinos comete el desliz de dejar que el resto sepa. Bueno, todos tenemos nuestros pecadillos, ¿verdad? - Mientras dice esto sin dejar de mirarte, extiende un brazo haciendo un arco con el mismo y algo sutil cambia en la escena de la cafetería. Te fijas en la pareja que hay en una mesa discreta del fondo en la planta baja. Hasta hace un momento parecían una pareja de enamorados que hacía cosas de enamorados, pendientes el uno con el otro. Ahora ves como ella mira al parroquiano de la barra y parece sonreirle.

- ¡Oh! Te has fijado en la parejita, ¿verdad? Estás viendo lo que a veces piensa él. Ella no lo sabe, claro, y él sólo lo intuye, como una sensación molesta, una picazón en medio de su mente, pero ahí está esa semilla que, bien cuidada, quien sabe a donde puede llegar...

El que está en la barra parece escribir algo en un móvil. Al segundo un sonido de mensaje entrante sale del bolsillo de tu interlocutor que sonriente dice:

- El de la barra... buen personaje, todo un defensor de la moralidad y la rectitud. Su segunda mayor adicción es la condena pública de cualquier vicio y perversión sexual. La primera es la adicción privada al porno y otros juguetitos. Con cuidado y tesón puede llegar lejos. Claro que eso no lo sabe ni él.

Un grupo de chicos que se encuentra en una mesa del local estallan en carcajadas. Uno de ellos con un cubata en la mano, cuenta al resto una historia nocturna de alcohol que al parecer a todos les debe resultar bastante graciosa.

- El chaval, todo un lider como puedes ver. Por supuesto, sólo bebe cuando sale y está con sus amigos y claro sólo lo hace para divertirse y porque se siente bien. Lo mejor de todo y que él negará porque no lo sabe es que comienza a asociar las dos cosas y sus amigos están echando una buena mano con eso. En un futuro, quien sabe...


Oh, pero bueno, todo eso son pecadillos veniales sin importancia, ¿no? ¿Nunca te has preguntado en qué momento alguien traspasa la frontera y por qué? ¿En qué momento alguien se convierte en un autentico monstruo? Probablemente no, pues necesitas la tranquilidad de saber que vives en un mundo ordenado, en donde la gente con la que tratas es gente de "bien" y la gente de "bien" no hace ninguna de esas cosas. Demonios, probablemente ni siquiera hacen nada de lo que has visto aquí. Pero bueno, siempre hay una ruleta, llamala azar o destino si te gusta creer en esas cosas, que hace que un día anodino como hoy, por ejemplo, uno de esa gente de bien puede que uno que tú conozcas, aparezca en la sección de sucesos de ese maravilloso periódico que estabas leyendo. Jamás lo habrías dicho, tan bueno como parecía. Tan educado, vivía junto a ti y una vez hasta te ayudó a subir tus compras cuando se estropeó el ascensor. Si hasta estuvo en tu casa y... fijate, al final resulta que era un asesino, o un violador, o un maltratador. Qué miedo, ¿verdad? Pero claro, hoy no has visto a nadie conocido en el periodico y todo lo que ves es una cafetería donde la gente hace las cosas normales que se hacen en una cafetería. Cuando salgas de aquí, te dirás que esas cosas salen en los periodicos sí, pero no ocurren en tu barrio, ni siquiera ocurren cerca, seguramente ocurren en otro mundo que no es este pequeño mundo civilizado de gente de bien en el que vives, pues la gente de bien no hace esas cosas ¿verdad?


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