domingo, 28 de marzo de 2010

Volver a empezar.

Está oscuro y las ventanas de la habitación se encuentran cegadas. La única luz, mortecina y titilante, proviene de múltiples velas que chorrean sebo sobre unos raros soportes recubriéndolos como si fuera la carne de grotescos animales que no logro identificar. Sentada tras una mesa redonda situada en el centro de la habitación hay una mujer, aquella a quien tanto busqué. Ella se encuentra barajando unas cartas, ajena a mi presencia. Me resulta imposible hacerme una idea de su edad o qué rasgos tiene, pues su rostro no parece exactamente el mismo a cada parpadeo de las débiles luces de las velas de la habitación. Me ha costado encontrarla, pero al fin es mía y podré matarla.

- Siéntate. ¿Por qué has venido?

La voz de la mujer tiene una cualidad extraña. Es firme, atemporal, sin embargo también escucho un débil eco de esas palabras pronunciadas por otras voces que no son la suya. como el extraño susurro de un coro de voces crueles, desesperadas que se apaga rápidamente. Confundido miro a mi alrededor, intentando buscar la procedencia de esas otras voces, pero me encuentro solo, sólo con ella. Enfrente de la mujer, junto a la mesa, hay otra silla vacía en la que tomo asiento. Con una media sonrisa en los labios la miro y decido burlarme un poco de ella. Cualquier juego requiere de sus preliminares, eso los hace más excitantes.

- Quiero conocer mi futuro.
- Ya sabes cuál es tú futuro. ¿Por qué has venido?

La respuesta de la mujer me descoloca. Los ecos posteriores cambian, algunos no están sincronizados y se desvían de lo que ella dice, sin embargo no logro distinguir las palabras en la leve cacofonía que forman. Los ignoro, me concentro en mi presa. Decido seguirle un poco el juego, saborear el momento antes de la sangre. Vuelve a fijarme en su rostro, pero este sigue sin presentarse de forma clara ante mis ojos. Sin embargo esos trucos baratos de prestidigitador no me arruinan el momento. Mi mano izquierda acaricia los cuchillos que llevo en sendas vainas atadas al muslo, ocultos por la pernera del pantalón, uno pequeño para cortar y otro mayor para despedazar. Noto como ambos están ansiosos por hundirse en la tierna carne del vientre y los pechos de esa ramera. Mientras pienso en ese momento, noto como se me empieza a poner dura.

- Ya te lo he dicho, quiero conocer mi futuro.
- Tú futuro ya lo conocías incluso antes de estar aquí. Lo sabías desde la primera vez que viniste. ¿Por qué has venido?

Me sorprendo, pues jamás estuve allí antes de ahora. La cacofonía aumenta su intensidad, sin embargo sigo sin comprender lo que dice pues las palabras se mezclan con lamentos. La insistencia de la pregunta me enfurece, noto como la sangre se agolpa en mi cabeza y un pequeño dolor comienza a pulsar en mis sienes. Un sudor frío empieza a perlar mi frente y mi mano izquierda se crispa alrededor del mango de uno de los cuchillos. Todavía no es el momento adecuado y que esa puta no quiera seguir las normas me enoja aún mas.

- ¡Maldita sea! ¡Jamás estuve antes aquí maldita arpía! ¡Quiero que me digas mi futuro!
- Tu futuro ya te dije cuál es. Te lo dije la primera vez que estuviste aquí y sin duda llegará, como siempre lo ha hecho. ¿Por qué has venido?

Con un rápido movimiento de la mano me muestra las cartas que no había dejado de barajar en toda la conversación. En ese instante todos los ecos, las voces susurrantes, lamentos y murmullos cesan y se produce un silencio sepulcral. Cada carta posee diferentes símbolos cabalísticos que son desconocidos para mi. Seguidamente las despliega sobre la mesa formando un abanico. Todas las cartas están boca abajo.

- Escoge una.

Ahora el sudor recorre mi espalda y un ligero temblor se apodera de mi mano derecha cuando la acerco a las cartas. Sin saber por qué estoy nervioso. Escojo la tercera comenzando por la derecha. Lentamente le doy la vuelta y en la carta aparece el símbolo de dos serpientes devorándose mutuamente. La cacofonía de voces comienza de repente a gritar a susurrar, a lamentarse... Decido terminar con el juego.

- ¿Por qué has venido?

- Ya que insistes en preguntar tanto por qué he venido y crees ser capaz de ver el futuro, dime ¿qué te dice esa carta sobre el tuyo?

- Yo no te he preguntado nada. Cada vez que vienes te doy una elección, una nueva oportunidad pero tú escoges siempre esa misma carta, no importa dónde se encuentre en la baraja. Cada vez que vienes crees que vas a matarme y olvidas que no puedes hacerlo. Cada vez que vienes me preguntas cual es tú futuro y olvidas por qué has vuelto, olvidas que no tienes futuro, que... este... - mientras dice esas palabras, abre ambos brazos abarcando la tenebrosa habitación, como queriendo mostrar la tétrica opresión de esas cuatro paredes sin ventanas, decoradas de viejos muebles y extraños candelabros con sus lúgubres y débiles velitas que se fundían a cada instante - es... tu... futuro.

Con la rabia cegándome saco uno de los cuchillos a través del bolsillo del pantalón y me abalanzo sobre la mujer. La apuñalo con saña por brazos y piernas, una, dos, tres veces, increpándola y de cada agujero que mi cuchillo perfora en la piel brota la savia de la mujer, su sangre manchándome las manos, salpicándome la cara, iniciando el ritual de la orgía, el frenesí que se tiene que apoderar de mi y que me impedirá parar. Saco el otro cuchillo, mas grande, el que utilizo para cortar y trocear y lo dejo a un lado enseñándoselo antes. Siempre me gustó hacer a mis victimas participes de esta fiesta en donde ellos sin duda tienen el papel protagonista. Con el cuchillo pequeño la abro en canal a la altura del vientre, mostrando sus vísceras en la oscuridad de la habitación por primera vez al mundo. Parece que al fin y al cabo la zorra tenía razón, este era mi futuro... y el suyo, sin duda. Sin embargo hay algo que anda mal en todo el proceso, pese a todo. Ella no debería haber muerto tan pronto, pues ninguna de las heridas que le he hecho mataría instantáneamente y mucho menos sin siquiera un grito, cosa que me está arruinando en parte la fiesta. La miro a la cara y lo que veo me desconcierta y me detiene por completo. Su expresión es serena y sus ojos me miran directamente. Ella abre la boca y de repente, el coro de voces susurrantes se repite en mis oídos, aunque ahora ya no son susurros, sino fuertes gritos y lamentos que se mezclan repitiendo con una misma voz que reconozco como propia aquella insistente pregunta: "¿Por qué has venido? ¿Por qué has venido? ¿Por qué...". Cayendo de rodillas junto a la mujer, cierro los ojos y me tapo los oídos con las dos manos, pero nada de eso acalla la cacofonía infernal de voces que se clavan con fuerza en mi cerebro haciéndome gritar. De repente noto como un dolor horrible en mi brazo izquierdo, allí donde la sangre de la mujer me salpicó con la primera herida. Abro los ojos y veo como la piel se empieza a separar de la carne, como si me la estuvieran sacando a tiras y luego la carne desnuda y los músculos se van separando dejando los huesos de la mano al desnudo. Grito desesperado por el dolor, sin comprender que está pasando. Mi mano esquelética se muestra desnuda ante mis ojos con la carne, piel y músculos colgando separados como la piel de un plátano. Alguien me coge la mano. Es la mujer que había matado, la mujer que hace unos instantes estaba muerta en el suelo y que ahora no puedo ver que tenga ninguna herida la que me coge con delicadeza la mano esquelética. De un brusco tirón me arranca la mano, aunque yo ya no siento dolor, sólo puedo mirarla, mientras se dirige con mi mano a una de las repisas en donde arden esas velitas que me susurran con voces iguales a la mía "¿Por qué has venido?"... Ella coloca la mano junto a otro de aquellos soportes que vislumbro ahora como huesos que forman la estructura de un macabro candelabro. Con delicadeza coloca una vela sobre la esquelética mano amputada y la enciende... Y por fin puedo recordar por qué estoy aquí. Ahora me veo a mi mismo fragmentado en cada una de las partes del candelabro esquelético, con multitud de yoes ardiendo como pequeños cirios, consumiéndome, derritiendo la carne que forma el sebo de las velas que chorrea por los huesos que antes fueron parte de mi esqueleto, cada uno en su infierno particular, cada uno repitiendo hasta el infinito alguno de los crímenes que cometí en el pasado, cociéndose con la malvada conciencia de mi mente enferma. Ahora yo mismo soy uno de esos pequeños cirios ardientes y observo a la mujer sentada sobre la silla barajando las cartas y a un hombre que entra en la habitación y la mira sin acercarse. "¿Por qué viniste?" trato de gritarle...


En la sala de cuidados de un hospital una enfermera habla con un cirujano. En la habitación aislada una única cama con un paciente.

- Extraño caso, ¿verdad doctor? ¿cree ud. que alguna vez despertará del coma?
- Lo dudo, y en cualquier caso si alguna vez despierta deseará no haberlo hecho. Esa enfermedad que tiene lo está consumiendo y cada día avanza un poco más. Ya hemos tenido que amputarle un riñón, las dos piernas, el brazo derecho y esta mañana la mano izquierda y no sabemos la causa. Lo extraño es que aún siga vivo.
- Pobre hombre. Viéndolo así nadie diría que pudo cometer esos crímenes de los que lo acusan. en el juicio salió inocente, ¿ud. cree que cometió alguna de esas cosas tan horribles de las que lo acusaron?
- Eso no podemos saberlo. En cualquier caso si lo hizo, sólo lo sabe él y su conciencia.

domingo, 21 de marzo de 2010

Antorchas en la biblioteca.

Algunos argumentos contra la ley Sinde (ver original):


  • La nueva normativa carece de sentido. La Justicia española ya cuenta a día de hoy con herramientas suficientes para luchar contra los que se salten derechos de propiedad intelectual. Que esta siempre resuelva en contra de la industria no es culpa de nadie y menos de los ciudadanos>
  • El poder ejecutivo intenta traspasarse competencias que son propias del judicial y con ello dinamita uno de los pilares fundamentales de cualquier democracia que es la separación de poderes
  • Se le da rango de derecho fundamental a la propiedad intelectual, algo que debería ser dilucidado con mucha más calma y por varios estamentos y no solamente por el ejecutivo
  • Si la normativa se aprueba, supondrá un agravio comparativo con otros sectores industriales y los propios ciudadanos. ¿Por qué la industria cultural tiene que tener “juicios rápidos” y el resto no?
  • Se va a cargar de más trabajo a la Audiencia Nacional, tribunal excepcional que se ocupa de los casos más graves, como por ejemplo los relacionados con terrorismo o corrupción
  • Los ciudadanos no somos los culpables de que un sector se esté muriendo por el avance tecnológico. Ha pasado lo mismo en innumerables ocasiones a lo largo de la historia y en ninguna se impulsó su supervivencia a base de leyes
  • Quien decidirá en primera instancia si hay o no infracción será una comisión administrativa, no un juez
  • Los jueces pasarán por encima del asunto, no decidirán si determinada web ha vulnerado derechos de propiedad intelectual
  • El proceso puede utilizarse contra cualquier sitio de la red que los demandantes consideren está violando derechos de propiedad intelectual, aunque el Gobierno asegure que solamente se usará contra “no más de 100 webs”
  • El intercambio de archivos o enlaces en sitios para facilitar el intercambio de los mismos no es delito en España. La ley está dando por supuesto que lo anterior es un delito al establecer una comisión para investigarlo
  • La normativa choca o vulnera varios artículos de la Constitución (20, 24.2)
  • No es de recibo que para llevar la nueva norma hacia delante el Gobierno tenga que modificar nada más y nada menos que cuatro leyes, una de ellas la Ley Orgánica del Poder Judicial