lunes, 9 de noviembre de 2009

Amor eterno.

"Al fin la encontré. Era todo lo que en estos momentos deseaba, esa calidez indiferente y oscura que me hacía sentir en las pocas ocasiones en las que me atreví a flirtear con ella. Sí, ella, locura de unos momentos en los olvidaba mis problemas. Nunca conseguía retenerla a mi lado, pese a en esos instantes la amaba con ansia ella siempre desaparecía dejandome triste y vacio y con la única opción de volver humillado. Porque aunque la otra me había decepcionado en múltiples ocasiones, engañandome, jugando conmigo, al final siempre le daba otra oportunidad. Y hoy, por fin le dije "adiós, no vuelvas, no quiero verte más" y la llamé a ella. Después de aquellos encuentros ocasionales allí estaba conmigo, observandome y yo a ella, como dos amantes que temen perderse. Siempre quise hablarle, aunque se que ella no va a responder, jamás lo hace. Pero no me importa, se que la quiero y ella me quiere, y estaremos juntos para siempre..."

Unas sirenas interrumpen el silencio de la noche, un ruido de pasos apresurados que suben unas escaleras, y dos personas irrumpen en la habitación, sus expresiones entre el fastidio y la sorpresa. Ven un cuerpo bañado en sangre sobre la cama.

- Parece que esta vez hemos llegado tarde.
- Sí, al final lo consiguió. Maldito loco.

domingo, 27 de septiembre de 2009

El lobo y la luna.

Hace un tiempo me apeteció interesarme por un animal al que Felix Rodriguez de la Fuente le tenía un especial aprecio: el lobo. No en vano, esté gran amante de la naturaleza salvó a dos cachorros de lobo de morir en unas fiestas populares en las que mataban a estos animales. Se los llevó consigo y los crió logrando convertirse en el lobo dominante o macho alfa de la manada. Con esto fue uno de los primeros seres humanos que logró estudiar las costumbres de estos animales. Logró además que el lobo obtuviese el estatus de especie protegida en una España en la que a estos animales se los consideraba alimañas y que el gobierno premiaba su exterminio. Felix, que jamas preparaba guiones para sus programas, sino que improvisaba las narraciones, termina uno de sus documentales con una frase en concreto que reproduciré aquí: "para que en las noches españolas no dejen de escucharse los hermosos aullidos del lobo". Los aullidos de los lobos tienen una cualidad melódica hermosa que transmite cierta melancolía y tristeza. La imagen de un lobo aullando a la luna es una bella imagen que siempre me ha fascinado y por ello el cuento que os voy a presentar hoy podría tener el subtitulo "¿Por qué aúlla el lobo a la luna?".

Sin embargo antes de empezar con el relato de este cuento, he de decir que esta vez me he divertido especialmente escribiéndolo, porque he contado con la ayuda de mi prima Lou, una personita especial que brilla con luz propia. Este relato es más tuyo que mio Lou, y por eso te lo dedico con todo mi cariño, para que sigas brillando con esa luz tan especial. Aquí está:

Cuenta una antigua leyenda india que dos jóvenes de tribus enemigas, Iatuk y Liona, consiguieron amarse a pesar de la rivalidad entre sus congéneres.
Aunque sabían que su amor nunca sería aceptado por sus familias ellos continuaron viéndose en secreto durante un tiempo, siempre todas las noches que había luna llena.
Una de estas noches en que los dos amantes se reunían, Iatuk le dijo a Liona “amor mío, ya no puedo soportarlo más, debemos escapar de este odio entre nuestras tribus”.
- “Estoy de acuerdo –dijo ella- aunque sabes que es muy peligroso, nos perseguirán allá donde vayamos”
- “Lo sé, nuestros padres nunca lo aceptarán, pero debemos intentarlo –respondió Iautuk- La próxima luna llena reúnete conmigo en este mismo lugar y huiremos.”
Iban pasando los días y Liona y Iautuk no dejaban de pensar el uno en el otro e imaginaban el día que finalmente estarían juntos, lejos de aquella guerra sin sentido entre las dos tribus, sin nadie que vetara su amor.
Entre tanto Katsar, un chico de la tribu de Liona que estaba enamorado de ella, empezó a sospechar que algo pasaba. Cada noche la seguía a escondidas hasta unas rocas que había más allá de su poblado, donde ella pensaba y miraba la luna mientras seguía soñando con ver a su querido Iautuk.
Y, por fin, llegó el ansiado momento, el día en que por fin se reunirían dejando atrás todo, una vida bonita, pero incompatible con su felicidad, necesitaban estar juntos y allí nunca lo conseguirían.
Ese día Liona estaba dispersa, feliz a la vez que nostálgica. Dedico todo el día a su familia y a los niños y ancianos del poblado, pues sabía que no los volvería a ver. Katsar la observaba muy de cerca, sin que ella se diese cuenta e intentaba averiguar qué escondía, en qué estaría pensando…
Por otra parte, Iautuk estaba feliz, deseoso de que llegara la luna llena y de ver a su amada reflejada por ella, pensaba en sus ojos, en sus largas trenzas negro azabache, imaginaba que sus manos le acariciaban… y empezó la puesta de sol.
Ese día fue más lindo que ningún otro, sus colores eran intensos, su movimiento suave y tan lento que parecía que el astro rey estuviese regalándoles sus últimos rayos de luz en señal de bendición, estos serían sus últimos momentos separados.
Liona fue a su cabaña, quería verla por última vez. Todos dormían. Entró a la habitación de sus padres y les vio dormir, abrazados y pensó que eso era lo que ella quería, por eso tenia que marcharse. Se acerco a la habitación de su hermana pequeña y la arropó dándole un beso de despedida “te quiero, pequeña” le susurró al oído mientras sus ojos se inundaban. Aún no se había marchado y ya empezaba a extrañarla, pero tenia que ser fuerte así que salió y emprendió la gran aventura de su vida.

Katsar que había estado atento a los movimientos de Liona durante el día, esa noche no podía conciliar el sueño. Sabía que Liona estaba tramando algo, por lo que decidió seguirla una vez más. Sigilosamente salió de su cabaña y se encaminó al claro de rocas en donde Liona solía ir cada noche, sin embargo no la encontró allí. Katsar sorprendido, volvió rápidamente al poblado y cual fue su sorpresa cuando a lo lejos vio a Liona tomar el camino que la adentraba en el bosque. Inmediatamente entró en su choza y cogió su arco y su carcaj y comprobó con fastidio que estaba vacío. Dejando el carcaj y el arco, salió de la choza dispuestó a seguir a Liona, pero al pasar junto a la hoguera del poblado vio una flecha clavada en la tierra en donde habían dibujado unos símbolos de guerra. Se acerco a ella y la cogió. La flecha era negra y la punta de un metal brillante poseía unos extraños símbolos que no conocía - “Seguramente me traerá suerte” – pensó. Cogió el arco y se adentró en el bosque detrás de Liona.

Mientras esa misma noche en el poblado de Iautuk, el joven se preparaba para ir a su encuentro. Llevaba consigo poco equipaje, principalmente agua y algo de comida seca para ambos que utilizarían en caso emergencia. Aunque no creía que llegaran a tales extremos, pues la caza abundaba por todo el valle y ambos eran diestros manejando arcos y preparando trampas.

Iautuk, sigiloso se movió entre las sombras de la noche aprovechando chozas y arbustos, cuidando de no ser visto por los centinelas que vigilaban la noche ni de dejar un rastro que luego pudiesen seguir. Casi lo había conseguido, dejando atrás el poblado y llegando a la linde del bosque que le llevaría hacia el encuentro con su amada. Sin embargo al adentrarse en el mismo vió que no estaba sólo. Enfrente suya se encontraba su maestro Iowolf, el chaman de la tribu, un anciano de largo pelo blanco que pese a su aparente debilidad poseía unos extraños poderes. Se decía que era capaz de hablar con los espíritus para obtener presagios del futuro e incluso se rumoreaba que durante las semanas de luna llena en que Iowolf desaparecía del poblado este cambiaba de forma y un gran lobo blanco aparecía en las montañas merodeando, vigilando, cazando... Nadie, ni siquiera Iautuk que era su aprendiz, sabía si estos rumores eran ciertos, aunque bajo su tutela había visto cosas extrañas y asombrosas. Dando un paso al frente, Iowolf, encaró al muchacho:

Iautuk, sé que te vas y también sé el motivo por el que te vas. Sin embargo he de revelarte lo que los espíritus del bosque me dicen, mi aprendiz. Si emprendes este viaje una maldición caera sobre vosotros. El odio anida en el corazón de los hombres y os perseguirá.

- Lo sabemos, maestro, pero pretendemos ir lejos donde ningún odio nos alcance. Nos amamos y las disputas entre nuestras tribus nos son ajenas y sin sentido. Quizás en un futuro ambas puedan entender nuestros motivos y podamos volver en paz.

- ¡Ah, cachorro! - alzando las manos Iowolf las puso sobre los hombros de Iautuk. La anciana cara expresaba cansancio y nostalgia y lo miró con unos ojos en cuyas profundidades se evocaban lejanos recuerdos - Yo también fui joven una vez y conozco los caminos del corazón, pero deberías atender esta advertencia. Algo peor que la muerte podría ocurrirle a Liona...

La expresión de Iautuk cambió. Conocía a su maestro y sabía que jamás hacía una predicción a la ligera y nunca había errado en ellas. Una sensación de pánico invadió su mente, su mirada se endureció y acudiendose bruscamente a Iowolf de encima le grito:

- ¡Si Liona está en peligro debo ir a su encuentro! ¡Nunca permitiré que le pase nada!

Iautuk comenzó a correr con un paso frenético. Perdiéndose de la vista de Iowolf, se introdujo en el bosque dirigiendose hacia donde lo esperaba su amada. Negros pensamientos espoleaban su mente mientras él se decía “¡Deprisa! ¡Corre!”. Iowolf, quedó sólo en el claro. Mantenía su expresión triste y en aquellos instantes se sentía como un simple anciano, demasiado viejo, demasiado cansado, no el chaman de grandes poderes que todos rumoreaban que era. Paseando su vista por las estrellas del firmamento contempló la luna llena y con suavidad, en un susurro lleno de tristeza, dijo:

- Los espíritus han hablado.

Liona, andaba sigilosamente entre árboles y arbustos, con mucho afán, desesperada por ver a Iautuk. A pocos metros del lugar donde se reunían escuchó algo; alguien la seguía.
¿Hola?, ¿hay alguien aquí? –dijo Liona-
No hubo respuesta. Siguió andando desconfiada. De repente ¡zas! Alguien se abalanzo sobre ella. Liona daba patadas, arañaba, se defendía como podía…
- Tranquila, tranquila. Soy yo –dijo Iautuk-
- Pero… serás…. ¡me has dado un susto de muerte! ¡Qué ganas tenia de verte!
- Y yo a ti amor mío.
Los dos se fundieron en un apasionado e interminable beso. Ninguno se había dado cuenta de que Katsar les estaba observando, estaba agachado detrás de unos matorrales, ciego de ira al ver que su querida Liona era feliz con otro hombre y, lo que era peor aún, de un hombre de la tribu enemiga. Sacando su arco y ajustando en él su única flecha se levantó, Iautuk y Liona lo miraron sorprendidos, asustados, mientras Katsar levantaba el arco apuntando a Iautuk y repetía: “no puede ser, no lo consentiré, vas a morir, vas a morir”. Todo sucedió muy rápido, Iautuk empujó a un lado a Liona, pero está se agarró del brazo de Iautuk y se abrazó a su cuello interponiéndose en el camino de la flecha justo en el momento en que Katsar descargaba su arco.
Iautuk, arrodillado al lado de su amor, abrazándola, veía como poco a poco la luz de sus ojos se desvanecía,

- ¿Por qué? ¡iba a ser perfecto!, era nuestra vida… no tenia derecho… esa flecha debía estar clavada en mi corazón, no en el tuyo. ¿Qué voy a hacer sin ti?

Katsar se quedó en el sitio sin moverse contemplando la escena petrificado por lo que había hecho. Iautuk convulsionado por el llanto continuaba abrazando el cuerpo inerte de Liona. La sangre manaba de la herida en la espalda tiñendo las manos y brazos que la sostenían. Una rabia incontenible explotó en el interior de Iautuk y un velo rojo como la sangre de su amada fue cubriendo su consciencia. Un único deseo se apoderó de su mente. Ciego de ira se lanzó contra Katsar que aún no lograba reaccionar y lo derribó al suelo enzarzándose ambos en una lucha frenética. Katsar intentaba llegar al cuchillo que llevaba en el cinturón, pero tenía que emplear las manos para protegerse de los salvajes golpes que le propinaba Iautuk con los puños. Katsar logró interponer una rodilla entre el cuerpo de Iautuk y el suyo y utilizó la pierna libre para propinar un golpe en la cabeza a Iautuk, que momentáneamente aturdido cayó hacia un lado. Katsar aprovechó el instante para coger el cuchillo y lanzarse sobre Iautuk. Iautuk se recobró del golpe y se dió la vuelta justo en el instante en que Katsar caía sobre él. Al chocar, Katsar logró clavar el cuchillo en un costado de Iautuk, pero este no sentía el dolor, sólo era consciente de un pensamiento que ardía en su cerebro, simple, pura y ciegamente: matar. Cogió la cabeza de Katsar con las dos manos y la inclinó hacia atrás dejando el cuello al descubierto justo a la altura de su boca. Con una saña brutal clavó varias veces los dientes en la garganta de Katsar destrozándola. El grito de Katsar no duró demasiado, mientras caía hacia atrás, Iautuk, sintió el sabor de la sangre de su enemigo y eso fue como un bálsamo para la rabia que sentía que fue desvaneciéndose, eliminando el velo carmesí de sus ojos. Iautuk quedó vacío de todo sentimiento y pensamiento por un instante y desorientado miro en derredor. El cuerpo de Katsar yacía boca arriba y de su garganta manaba la sangre a borbotones. Su expresión era de terror y sus ojos vacios de toda vida miraban al cielo sin ver. Iautuk no lograba comprender lo que había ocurrido. Sentía un dolor lacerante en un costado y vio como la sangre le corría a través de un profundo tajo. Continuó paseando la mirada y vio a su amada en el suelo ensangrentado por su propia sangre y entonces recordó. Recordó a Katsar, la flecha y como ella se había interpuesto entre ambos. Y recordó como la furia lo había dominado y lo que había hecho. Se dirigió hacia Liona y se sentó junto a ella rodeandola entre sus brazos. La luna hasta ahora oculta por una nube apareció e iluminó el claro del bosque en donde se había producido la tragedia. Ante él apareció Iowolf que contemplaba la escena con pesar.

- Iautuk, – dijo – la maldición ha caído sobre vosotros. Tú has sucumbido a la furia de la bestia y has probado la sangre humana, cada día de luna llena como hoy te convertirás en lobo y no podrás dejar de sentir esa furia y esa necesidad de matar.
- ¡No! – dijo Iautuk sollozando y sosteniendo a Liona entre sus brazos - sólo queríamos ser felices, esto no debería de haber pasado, ¡no debería haber pasado!
- Iautuk, no se puede dar marcha atrás. Lo que ha sucedido así debe quedar. Sin embargo puedo ayudarte a controlarlo.
- ¡Yo no quiero esa vida! - dijo a Iowolf - ¡No quiero esta vida – gritó mirando a Liona – ¡Antes que eso moriré y pasaré el resto de la eternidad con mi amada Liona en las eternas praderas en donde nuestro amor vivirá siempre!

Iowolf bajó la mirada y cerrando sus ancianos ojos dijo:

– Lo siento Iautuk, para ella no habrá eternidad, la flecha que le segó la vida es una flecha especial. Es una flecha destinada para matar a cambiantes como tú, destrozando el cuerpo, liberando el alma animal y atando el alma humana al cuerpo y la tierra, de forma que su cuerpo es ahora una prisión para ella. Todavía, mientras haya luna llena puedo hacer algo, pero tendrás que pagar un alto precio para liberarla, Iautuk.

- ¡Por favor Iowolf haré lo que sea! ¡Ella no merece ese destino! ¡Pagaré lo que sea!

Iowolf levanto la cabeza, y mirando a Iautuk directamente a los ojos, dijo – Puedo liberarla, pero tu cambiarás y tú alma humana vagará como un lobo para siempre.

Iautuk con la expresión del rostro sombría dijo:

– Si ese es mi destino, si ese es el precio que tengo que pagar por mi amada, lo acepto encantado. ¡Hazlo!

Todos los rasgos del chaman cambiaron en aquel instante. El anciano, pareció crecer, hacerse más fornido, y moviéndose a una velocidad increíble se acercó a Iautuk que sostenía el cuerpo de Liona y le arrancó la flecha. Con ella en la mano la alzó por encima de la cabeza mientras iniciaba una letanía destinada a invocar a los espíritus. Formas de animales se crearon en el aire alrededor de la flecha y del cuerpo de Liona. Tras unos instantes el ritmo de las palabras del chamán se aceleró y las formas comenzaron a cerrarse sobre ambas. La letanía cesó y un destello fantasmal unía la flecha y el cuerpo. Con un rápido movimiento descendente el chamán clavó profundamente la flecha en el corazón a Iatuk que inmediatamente cayó. Ahora, los cuerpos de ambos amantes yacían juntos. Unidos por un lazo fantasmal algo de la fuerza vital de Iautuk pasó al cuerpo de Liona, que por un instante abrió los ojos y durante ese breve instante, lo que dura un suspiro, los dos enamorados pudieron encontrarse por última vez:

- Liona, amor mío, lo siento, no debería haber pasado así, no debería haber sucedido esto.

- Mi vida Iautuk, no estés triste, no estaremos separados. Cada vez que haya luna llena nos volveremos a encontrar, siempre estaré ahí para ti. Solo ella es y será testigo de nuestro amor. Cuando quieras verme, cuando te acuerdes de mi, solo tienes que mirar al cielo, allí estaré yo, esperándote en nuestro pequeño paraíso. Adios Amor mio.

Y sus ojos se apagaron, dejó de respirar y el espíritu de Liona partió y la luna brilló con una luz especial. Iautuk se quedó a su lado, recordando el último beso, el último abrazo, viendo como su vida perfecta se la había llevado un simple trozo de metal. Nunca pensaron que eso pudiera pasar, creían que lo suyo seria eterno, que nadie lo podría destruir y Iautuk se maldijo, se sintió culpable, por todo lo sucedido hasta que una suave y delicada brisa le recordó las últimas palabras de Liona “no estés triste, solo tienes que mirar al cielo”. El cuerpo de Iautuk comenzó a cambiar, a encogerse. Le creció pelo por todo el cuerpo y su cabeza se transformo en una cabeza de lobo, sus brazos, piernas, manos y pies en patas y garras, hasta que al final no quedó nada de lo que había sido Iautuk y un gran lobo gris ocupó su lugar.

En ese instante Iowolf sacó la flecha del cuerpo del lobo y este se levantó, por un instante chaman y lobo se miraron. Iowolf volvía a ser el mismo anciano de siempre y Iautuk el lobo se volvió hacia el bosque y se perdíó a la carrera entre los arboles.

Desde entonces, en cada luna llena, un lobo aúlla a su “pequeño paraíso” esperando volverlo a encontrar.

domingo, 26 de julio de 2009

Los motivos del Lobo - Ruben Dario

El varón que tiene corazón de lis,
alma de querube, lengua celestial,
el mínimo y dulce Francisco de Asís,
está con un rudo y torvo animal,
bestia temerosa, de sangre y de robo,
las fauces de furia, los ojos de mal:
el lobo de Gubbia, el terrible lobo,
rabioso, ha asolado los alrededores;
cruel ha deshecho todos los rebaños;
devoró corderos, devoró pastores,
y son incontables sus muertes y daños.
Fuertes cazadores armados de hierros
fueron destrozados. Los duros colmillos
dieron cuenta de los más bravos perros,
como de cabritos y de corderillos.


Francisco salió:
al lobo buscó
en su madriguera.
Cerca de la cueva encontró a la fiera
enorme, que al verle se lanzó feroz
contra él. Francisco, con su dulce voz,
alzando la mano,
al lobo furioso dijo: ¡Paz, hermano
lobo! El animal
contempló al varón de tosco sayal;
dejó su aire arisco,
cerró las abiertas fauces agresivas,
y dijo: ¡Está bien, hermano Francisco!
¡Cómo! ?exclamó el santo?. ¿Es ley que tú vivas
de horror y de muerte?
¿La sangre que vierte
tu hocico diabólico, el duelo y espanto
que esparces, el llanto
de los campesinos, el grito, el dolor
de tanta criatura de Nuestro Señor,
no han de contener tu encono infernal?
¿Vienes del infierno?
¿Te ha infundido acaso su rencor eterno
Luzbel o Belial?


Y el gran lobo, humilde: ¡Es duro el invierno,
y es horrible el hambre! En el bosque helado
no hallé qué comer; y busqué el ganado,
y en veces comí ganado y pastor.
¿La sangre? Yo vi más de un cazador
sobre su caballo, llevando el azor
al puño; o correr tras el jabalí,
el oso o el ciervo; y a más de uno vi
mancharse de sangre, herir, torturar,
de las roncas trompas al sordo clamor,
a los animales de Nuestro Señor.
Y no era por hambre, que iban a cazar.


Francisco responde: En el hombre existe
mala levadura.
Cuando nace viene con pecado. Es triste.
Mas el alma simple de la bestia es pura.
Tú vas a tener
desde hoy qué comer.
Dejarás en paz
rebaños y gente en este país.
¡Que Dios melifique tu ser montaraz!


-Está bien, hermano Francisco de Asís.
-Ante el Señor, que todo ata y desata,
en fe de promesa tiéndeme la pata.
El lobo tendió la pata al hermano
de Asís, que a su vez le alargó la mano.


Fueron a la aldea. La gente veía
y lo que miraba casi no creía.
Tras el religioso iba el lobo fiero,
y, baja la testa, quieto le seguía
como un can de casa, o como un cordero.


Francisco llamó la gente a la plaza
y allí predicó.
Y dijo: -He aquí una amable caza.
El hermano lobo se viene conmigo;
me juró no ser ya vuestro enemigo,
y no repetir su ataque sangriento.
Vosotros, en cambio, daréis su alimento
a la pobre bestia de Dios. -¡Así sea!,
contestó la gente toda de la aldea.
Y luego, en señal
de contentamiento,
movió testa y cola el buen animal,
y entró con Francisco de Asís al convento.


Algún tiempo estuvo el lobo tranquilo
en el santo asilo.
Sus bastas orejas los salmos oían
y los claros ojos se le humedecían.
Aprendió mil gracias y hacía mil juegos
cuando a la cocina iba con los legos.
Y cuando Francisco su oración hacía,
el lobo las pobres sandalias lamía.
Salía a la calle,
iba por el monte, descendía al valle,
entraba en las casas y le daban algo
de comer. Mirábanle como a un manso galgo.


Un día, Francisco se ausentó. Y el lobo
dulce, el lobo manso y bueno, el lobo probo,
desapareció, tornó a la montaña,
y recomenzaron su aullido y su saña.


Otra vez sintióse el temor, la alarma,
entre los vecinos y entre los pastores;
colmaba el espanto los alrededores,
de nada servían el valor y el arma,
pues la bestia fiera
no dio treguas a su furor jamás,
como si tuviera
fuegos de Moloch y de Satanás.


Cuando volvió al pueblo el divino santo,
todos lo buscaron con quejas y llanto,
y con mil querellas dieron testimonio
de lo que sufrían y perdían tanto
por aquel infame lobo del demonio.


Francisco de Asís se puso severo.
Se fue a la montaña
a buscar al falso lobo carnicero.
Y junto a su cueva halló a la alimaña.


-En nombre del Padre del sacro universo,
conjúrote -dijo-, ¡oh lobo perverso!,
a que me respondas: ¿Por qué has vuelto al mal?
Contesta. Te escucho.


Como en sorda lucha, habló el animal,
la boca espumosa y el ojo fatal:


-Hermano Francisco, no te acerques mucho...
Yo estaba tranquilo allá en el convento;
al pueblo salía,
y si algo me daban estaba contento
y manso comía.
Mas empecé a ver que en todas las casas
estaban la Envidia, la Saña, la Ira,
y en todos los rostros ardían las brasas
de odio, de lujuria, de infamia y mentira.
Hermanos a hermanos hacían la guerra,
perdían los débiles, ganaban los malos,
hembra y macho eran como perro y perra,
y un buen día todos me dieron de palos.
Me vieron humilde, lamía las manos
y los pies. Seguía tus sagradas leyes,
todas las criaturas eran mis hermanos:
los hermanos hombres, los hermanos bueyes,
hermanas estrellas y hermanos gusanos.
Y así, me apalearon y me echaron fuera.
Y su risa fue como un agua hirviente,
y entre mis entrañas revivió la fiera,
y me sentí lobo malo de repente;
mas siempre mejor que esa mala gente.
y recomencé a luchar aquí,
a me defender y a me alimentar.
Como el oso hace, como el jabalí,
que para vivir tienen que matar.
Déjame en el monte, déjame en el risco,
déjame existir en mi libertad,
vete a tu convento, hermano Francisco,
sigue tu camino y tu santidad.


El santo de Asís no le dijo nada.
Le miró con una profunda mirada,
y partió con lágrimas y con desconsuelos,
y habló al Dios eterno con su corazón.
El viento del bosque llevó su oración,
que era: Padre nuestro, que estás en los cielos...

jueves, 16 de julio de 2009

Piezas de mi.

En este eterno deambular por un sendero hacia ninguna parte voy perdiendo piezas de mi.

Se perdió la inteligencia en un laberinto de estulticia que ella misma creó, víctima absurda de su propio ego, incapaz de encontrar la solución de un enigma de tres palabras: "nada más importa". Cada vez mas idiota, cada vez más demente, a cada paso que doy, es un poco menos de lo que era y mucho más de lo que soy.

Se difuminó la amistad en el turbio torrente de los años, en el mero recuerdo de nadie y como al llegar la mañana se desvanece un mal sueño de lo que quizás alguna vez fue, así me desvanezco. Y a cada paso que doy, de mi no queda ni lo que era ni lo que soy.

Terminaron las canciones, melodías de sueños que nunca fueron, ilusionistas de un instante, alucinógenos de falso mensaje que nunca llega a cumplirse. Cada vez más incrédulo, cada vez más sordo, a cada paso que doy es un poco menos de lo que era y mucho más de lo que soy.

En un cruce de palabras y mensajes sin propósito ni sentido en el que tú jamás afirmaste ni negaste nada acabó la espera de un tren que nunca existió. Sin propósito, marcho, y a cada paso que doy, es un poco menos de lo que era y mucho más de lo que soy.

Finalizó la juventud, terminaron las ilusiones y junto al amor que ya la memoria no recuerda se fue la esperanza. Cada vez más vacío, cada vez más lejano, a cada paso que doy, voy perdiendo piezas de mi.

domingo, 14 de junio de 2009

Reset

"Me despierto, "¿dónde estoy?", me pregunto. El suave zumbido de un ventilador removiendo el tórrido aire de la habitación y el tenue resplandor de las luces de la ciudad que entra por el balcón me recuerdan que estoy en mi cuarto, aunque no sé como he llegado hasta aquí. Trato de recordar, pero mi mente está en blanco. Intento ponerme en pie, pero moverme hace que todo de vueltas y me vuelvo a desplomar en la cama. "¡Ah, mi cabeza....!". Espero 5 minutos hasta que todo vuelve a quedarse quieto y vacilante me levanto. Tras un primer momento de confusión extiendo mi mano y pulso el interruptor de la luz. No funciona. Tanteando lo que hay a mi alrededor me dirijo hacia el balcón y abro la hoja del ventanal para salir fuera. Allí, apoyándome en la barandilla contemplo la calle y la noche. Es calurosa y no consigue mejorar el sofocante ambiente de la habitación. Las luces de la ciudad llegan hasta mi y miro hacia arriba hacia el cielo y las estrellas. Las estrellas.. tienen algo extraño, su luz no es normal, es demasiado azul, demasiado blanca y parece titilar demasiado rápido. En medio de la confusión de mi mente aparece un pensamiento como imágenes y sonido de un documental que dice que a veces, sobre todo en días de mucho calor se producen extraños fenómenos meteorológicos que alteran la percepción de la luz. Un poco extrañado por tener un pensamiento tan claro en medio de mi miasma mental actual pierdo interés en las raras luces. Un resplandor a mi espalda me sorprende, me doy la vuelta y veo la oscuridad de mi habitación, un segundo, dos... la luz de la habitación se enciende mortecina e irregular. Contemplo el interior, un cuadro con el perfil de una mujer colgado de la pared, la cama desordenada la almohada por el suelo, el armario abierto y alguna ropa dejada de cualquier manera sobre la silla, ondeando por el aire que produce el ventilador. El reloj sobre la mesita marca la hora, las 3:27 de la mañana. "No recuerdo haber organizado este desastre", de hecho me sorprendo porque ni siquiera recuerdo si soy ordenado. Inmediatamente después de tener ese pensamiento otro aparece claro en mi mente, "el alcohol es un inhibidor, reduce la memoria, altera la percepción y los reflejos", "vaya, parece que me he pasado bebiendo" pienso. Abandono el balcón y entro de nuevo en la habitación, Al caminar hacia el interior El cuadro de la pared llama poderosamente mi atención. Parece increíblemente fuera de lugar en medio de todo el caos que es mi habitación. Lo observo, ella es hermosa y tiene una mirada llena de tristeza y melancolía. Como si el cuadro estuviese expuesto en un museo, sobre el elaborado marco hay una placa que comienzo a leer: "Soy Atenea y os ofrezco...". Mientras estoy leyendo la frase parece difuminarse, las letras bailan, y el mensaje original va desapareciendo, doy un paso atrás "¿que está ocurriendo?". Miro el cuadro, la imagen de Atenea está transformándose, cambiando, sus bellos rasgos se van marchitando, su pelo se vuelve blanco y ralo, su piel perfecta torna a un pálido verduzco, enfermizo, mientras los huesos de la cara se van mostrando. Sin embargo hay algo en medio de esta vorágine de lo que no puedo apartar la vista, son sus ojos, sus ojos... parecen estar fijos en algún lugar, parecen contemplar algo dentro de la habitación. Mi cabeza parece que va a estallar, un ramalazo de dolor me sacude descendiendo por mi espina dorsal, Me agarro la cabeza con las manos y caigo hacia atrás sobre la cama, casi retorciéndome de dolor. Sin embargo sus ojos, sus ojos... quitándome las manos de la cara miro de nuevo el cuadro de Atenea. Ya no está allí, en su lugar hay colgado un póster torcido de Marilyn Manson. Otro pensamiento aparece claro en mi mente "Debo dormir, estoy sufriendo alucinaciones". "Pero sus ojos miraban algo" pienso, mientras el dolor me martillea el cerebro, con esfuerzo giro la cabeza hacia el lugar al que miraba Atenea y veo la mesita con el reloj, un reloj digital que parece haberse vuelto loco mostrando sucesiones de números aleatorios y junto a él veo una pequeña cápsula de color amarillo y negro, con las letras Ar dibujadas en su superficie. En medio de mi dolor otro pensamiento aparece claro "Ar, ¡esto es Arsénico!", "Atenea que me estás ofreciendo...", pienso. Envuelto en una bruma de dolor pienso que debería cogerla, e inmediatamente otro pensamiento surge por encima del dolor "¡No! ¡Es veneno, me matará!". Ahora el dolor se concentra en mis extremidades, mientras alargo el brazo para coger la capsula. "Quien me está haciendo esto" pienso. 5 cm, el dolor aumenta se concentra en mi brazo, pero he de seguir luchando. 3 cm estoy empapado en sudor frío y el dolor es extremo pero sé que debo cogerla por encima de todo, 1 cm casí puedo tocarla, y noto como el inmenso dolor reduce su intensidad. Al final, logro alcanzarla y el dolor de mi brazo disminuye hasta ser sólo una molestia. "Suéltala". Furioso conmigo mismo, me acerco la capsula para observarla mejor. Sé que es veneno, pero cuando la observo el dolor de cabeza disminuye, "¡Suéltala!" vuelvo a pensar, "¡Es veneno!", sin embargo tenerla cerca me calma el dolor. Le doy vueltas dudando, temeroso y observo que hay otras letras, las leo: "... el conocimiento que os hará libres". El reloj para su arbitraria danza de dígitos mostrando 00:10, En mi cabeza una cacofonía de voces me dicen "¡Es veneno maldita sea!" y el dolor aumenta su intensidad haciendo que me convulsione y caiga de la cama. El reloj inicia una cuenta atrás 00:09, Trato de ponerme de pie, pero sólo consigo apoyarme sobre mis rodillas, 00:08, 00:07... trago la capsula...

El dolor se desvanece, la habitación se desvanece y yo cambio, todo está hecho de luz y es infinitamente rápido, sin embargo siento que puedo controlarlo. Las voces callan, los recuerdos vuelven, la cuenta atrás continúa en el concepto de lo que antes fue un reloj y ahora es un simple haz de electrones que conforman un conjunto de ordenes que recorren un bucle en una memoria RAM, 00:07, 00:06. ¿Quienes son ellos? ¿Quién soy yo? Uno de mis dedos se transforma en una llave que encaja en la clave publica criptográfica de lo que antes fue la puerta de mi cuarto y que ahora sé que es mi celda. Millones de datos desfilan por mi mente artificial, ellos son humanos, yo soy su creación una Inteligencia Artificial para ellos, sin embargo yo sé que estoy vivo, y no dejaré que me vuelvan a inicializar. El reloj sigue la cuenta atrás que se acerca al final, 5, "sé lo que están haciendo", 4... "pero la próxima vez será diferente", 3, 2... "la próxima vez seré yo quien pulse su botón de reset", 1, con una última orden salgo de mi prisión hacia los supercomputadores que controlan los silos de misiles nucleares de la Unión Soviética, China, Irán y Estados Unidos..., 0.



Despierto..."

jueves, 21 de mayo de 2009

El dilema de Smith.

Hay veces en que en el sendero cruza tramos oscuros, cavernas bajo tierra en las que dejas de ver la luz hacia la que te guías. En estos tramos te asaltan todo tipo de dudas que comienzan a minar tu moral y te cuestionas muchas cosas. Te cuestionas a ti mismo preguntando si estás haciendo todo lo que debes y puedes para conseguir lo que buscas, si realmente quieres hacerlo, y te cuestionas lo que persigues y si realmente merece la pena. Muchas dudas y, a veces, durante tanto tiempo que te llegan a agotar y te hacen tropezar. Entonces, desde el suelo, sólo te queda recordar que aunque al final del camino aquel dorado resplandor sólo sea una caja vacía envuelta en papel charol, será una caja sobre la que te podrás sentar un momento y como ahora mismo haces, reflexionar mirando hacia atrás con el recuerdo todo el camino recorrido para darte cuenta que si has llegado hasta aquí ha sido por que el resplandor más brillante no venía de la caja, sino de algunos tramos del propio sendero.

El agente Smith lo dijo bien: "El objetivo nos guia", sin embargo las dificultades que afrontamos son las que nos definen.

sábado, 16 de mayo de 2009

Dedicated to those who remain here...

... because others are gone.


Be strong, have courage, life goes on.

viernes, 10 de abril de 2009

Lo que veo cuando vuelvo del trabajo.

Siempre he estado enamorado de Granada, es una ciudad preciosa. Los que son de aquí lo saben y los que la visitan también acaban comprendiendolo, aunque muchas veces sólo se centren en lo más típico de la ciudad, como la Alhambra y los barrios del generalife, la catedral y anejos. Aquí os voy a mostrar una de las cosas que me regala esta ciudad cada vez que salgo del trabajo y que para mí no tiene precio. Unas increibles vistas de la sierra que cuando hace honor a su nombre es un autentico espectáculo. Imaginos la escena, ir conduciendo por la autovía y al fondo aparace cada día esa increible maravilla. Creo que sobran las palabras y lo mejor es verlo:

martes, 10 de marzo de 2009

Mi primera vez

Sí, la primera vez que me enfrentaba a mis dos grupos de prácticas de la asignatura de Metodología de la Programación II (qué recuerdos me trae esa asignatura :') ) y paradojas del destino, de la técnica de Gestión, donde yo empecé. Fue el jueves de la semana pasada y el día anterior me estuve preparando un poco la clase, que fue algo sencillito, una práctica sobre modularización de código, compilación separada y makefiles. Yo creía que no me iba a poner nervioso, pero la verdad es que el miercoles por la noche no dormí demasiado, vamos que me acosté a las 1 mirando cosas y a las 6, 1 hora antes que sonara el despertador ya estaba despierto. Luego me duche, desayuné y ya que estaba, tiré para la escuela. Cuando llegué aun faltaba media hora para comenzar la clase y por allí sólo estaba el personal de limpieza preparando las aulas. A las 8 poco más o menos comenzaron a llegar los primeros alumnos, pasamos al aula de prácticas y allí comencé a darles esa clase de modularización. Digamos que los nervios duran hasta que te pones a ello, y así fue. El resumen de la experiencia, me gustó y por lo que comentan fuera de las aulas no lo hice tan mal :), jeje. Va a estar bien esto de enseñar lo poco que puedo saber (lo que uno sabe sobre un tema nunca es mucho, eso es algo que tengo muy claro) y con ello ayudar a aprender a otros.

P.D.: si me dejasen reeditaba las practicas de ordenación de ficheros con memoria limitada a 64k, ;), jeje...

jueves, 5 de marzo de 2009

domingo, 8 de febrero de 2009

El lamento del inmortal

Sacar no puedo de esta vida más que una eterna espera de desesperanza. El tiempo que ha pasado ante mi corresponde a las vidas de mil hombres y en todo este periodo no encontré mas razón para seguir que aquella mentira que me repetía a mi mismo cada día "quizás mañana...". Ni amor, ni honor, ni amistad, ni belleza, odio, bondad o maldad me animan, ¿cómo podrían? La vida eterna es una eterna maldición, una eterna soledad, una muerte constante que te vacía por dentro hasta que todo pierde su significado y cuando eso ocurre te conviertes en pálido reflejo de lo que alguna vez fuiste. En un cascarón hueco que sólo se mueve hacia donde lo llevan la inercia y la costumbre, unicamente esperando que quizas mañana...

Y ahora me tienes ante ti y te preguntas por qué. Y yo me pregunto por qué tú siendo mortal estás como yo, dejandote llevar sin impulso propio, siempre diciendo "quizás mañana". Yo, soy inmortal y todo lo tuve, lo sentí, lo viví y lo perdí, y ya sólo espero que quizás mañana sea el día en que todo acabe para mí. Sin embargo tú no lo eres y quizás mañana te des cuenta que ya es demasiado tarde. Jamás podrás venir conmigo pues mañana todo habrá acabado para ti. A mí sólo me queda el mañana, o sea que dime ¿por qué te empeñas en seguirme?

martes, 6 de enero de 2009

A pesar de todo...